Efecto Secundario




Los camellos son animales muy tristes. Yo no lo sabía.

Todos estos días se han convertido en una sucesión de lágrimas y reproches que presionan mi pecho. Se han ido cayendo una a una mis vértebras. Todas las hojas se han empapado de ese olor a pavimento húmedo que tiene tu sonrisa.

Hay tres membranas que salen de mi mano y se adhieren a tu mirada. De pronto no sé hacia dónde voy. Trato de contener los suspiros que se escapan por mis poros. Como si transpirara tristeza. Hay un vago rumor de miedo que canto día y noche con voz metálica, pero sin brillo.

Ayer descubrí tres cicatrices nuevas en mis ojos. Duelen. Quise caerme y luego meterme bajo la mesa. Quedarme ahí, víctima de la ataraxia. Pero cuando iba a caer, alguien encendió la luz. Yo me distraje viéndote, como a una fotografía. Luego amaneció.

Cuando trato de cerrar los ojos, siento como si los párpados fueran pesados telones escarlata. Me da miedo no poder abrirlos. Así que no duermo y te extraño más horas al día.

Tengo muchos temblores deambulando por mi cuerpo, y el sólo hecho de permanecer de pie, presupone un esfuerzo mortal. Yo decidí quedarme acostada. De todas formas la joroba que me salió en la espalda no me deja caminar. Nunca imaginé que la tristeza tuviera ese efecto secundario.

A veces pienso en los camellos y siento tanta pena, que sonrío...


Pañuelo

De nuevo me sangran los labios... me estoy cansando de todo esto.

La semana pasada mientras me miraba al espejo pensé en ti. En como tus besos detenían la hemorragia.
Creo que te extrañan, sangran más ahora...
Es tan triste llorar por la boca y no por los ojos. Ayer, cuando desperté, había sangre en la almohada, y la mancha se parecía ti... lo juro, sobre todo en las orejas.

No quiero que pase más... al menos no tan seguido. He probado otros besos, sabes, pero no es igual, no tienen ese efecto coagulador de los tuyos... Hubo unos, incluso, que me hicieron sangrar más. No los volví a ver nunca...

Ahora que no estás, tengo miedo, no sé hacia donde ir, además, no tengo pañuelos, te los llevaste todos, y los de papel, dejan restos en mis labios, no me gusta... la otra vez salí a la calle con la boca llena de virutas de papel, no me había fijado... todos se me quedaron viendo raro, hasta que una señora muy dulce me dijo:
-disculpa, llevas algo en la boca- y me alcanzó un espejo.

¿Entiendes porqué te extraño?
Siempre andas un pañuelo, y cuando comenzaba a sangrar, me besabas y luego limpiabas con cuidado mi boca, me dabas el pañuelo y yo limpiaba la tuya. ¡Qué devoción nos teníamos el uno al otro! Mientras tanto nos mirábamos con dulzura.

Ayer te vi pasar de largo, ibas normal, como cualquier pez de arrecife... yo quise llamarte, pero sentí húmedos los labios, y claro, sabía el motivo... yo andaba una blusa blanca... ¿ves porqué no te llame?

Es imposible no sentirme triste ahora, veo los vidrios rotos en el suelo y pienso en tus ojos...

Aún no sé porqué me gritaste, era innecesario, yo habría entendido todo con un "chau" simple, de esos que me habías dicho alguna vez.
No me gusta que grites, me duelen las muelas cuando lo haces, además queda un zumbido en mi cabeza por días. Debe ser algún problema en tu voz. ¿Habrás ido, por fin, a ver al foneatra? No alcanzamos a ir juntos, que pena, yo quería explicarle como es el zumbido que provocas...

¡Uy qué suerte!
Mira, encontré un pañuelo bajo la cama... ya ves... siempre te quedas un poco cuando te vas...





Ven...


Cae la noche y se llena de silencio el aire.

Las paredes son extrañas, como si nunca hubieran estado rodeándome. Son una especie de barrotes que sangran si los tocas con la mirada.
No hay relojes en la casa desde que te fuiste, el tiempo se convirtió en una mueca repulsiva que no quiero mirar más, pero está ahí, tangible, recordándome a cada respiro tu ausencia.
No sé qué hago yo aquí aún. Porqué insisto acomodar los vasos de cartón que fuimos acumulando. Ahora nada tiene sentido. Sólo el eco, que es el único rastro de tu presencia.

(¿Adónde estarán los cerillos?)

Hace tantos días de esto... qué vértigo tocar las hojas en blanco que me gritan tu nombre...
Nada es real. Todo es como un reflejo que se ve en un charco, con figuras conocidas, pero no reales...
¿Cómo hiciste para irte tantas veces? Con una bastaba, una franca, una real, pero así... de a pocos, es cruel... pero ya te lo había dicho... ahora qué importa, si de todas formas te fuiste.
Otra huida falsa. Miro por la ventana y estás ahí, parado en el frío, en medio de la noche. Estás ahí viendo, adivinando el color de mis uñas, me ves de lejos y me hablas, yo veo tus labios moverse, y tus ojos, veo tus ojos y me veo ahí...

¿Porqué no me dejas irme a mí? Una vez... sólo por esta vez, deja que sea yo quien haga las maletas y se marche sin dejar besos dibujados en los papeles... Déjame una noche caer rendida a la realidad, salir airosa del desencanto, déjame dejarte en ese mundo que te aprisiona... dejame ser yo la que guarde silencio, la que no mira atrás. Déjame sin canciones, sin recuerdos que apilar en una atroz hoguera, sin lágrimas ahogadas en la garganta... Déjame, sin más... sin excusas...

Sigues ahí, de ese lado de la ventana, mirando... son rojas... no me mires más... ¿ya qué importa el color de mis uñas o este abrigo desteñido que apesta a tabaco? No mires más... lo sabes, tiemblo cuando me miras... ¿te lo digo otra vez?eres cruel...
Cruel como la mayonesa cuando está rancia, cruel como la última copa de vino... cruel como mirarte y decirte que te extraño, y corras de nuevo y me envuelvas en un abrazo... cruel como que te vayas y luego me extrañes, cruel como cuando regresas al mundo que odias... cruel como estas mil lágrimas ahogadas.

¿Porqué sigues afuera? Hace frío, con lo bien que se está aquí, sólo tú, yo, sin mundo, sin manos, sin muros, sin mordazas, sin cadenas, sin ropa, ¿aire? apenas el necesario para que nos respiremos...
Deja todo afuera... yo te espero y acomodo los vasos de cartón, yo te espero y no tengo reloj...

Ven...

De insomnios y otros parásitos




Voy de calle sin rumbo...
bordeando el vaso del silencio.

Alrededor un eco danza y me da vuelta
entorpeciendo mi andar...
como si de pronto el abismo
me mirara con dulzura,
como si el viento corriera por mis venas...

La melodía decadente de la noche
se marcha sin mí:
yo me quedo con mis brazos,
con los tentáculos de mi mente
atravesando las grietas del fantasma
que soy yo cuando el insomnio
muestra impúdico su corona
y esa mancha de hollín.

Se cierra el hastío en un círculo
indescriptible... francamente repulsivo,
Yo?? Sigo espectral viendo
las agujas del reloj caerse de espanto
a los pies de las lápidas de los sueños.

No cabe una sombra más bajo mi sábana
la habitación da vuelta y vuelta
dejándome vacía...
como si de pronto yo me abandonara
como si al fin lograra huir de mis pies.

Vacilo... titubeo...
me detengo y me arrincono
en la esquina de mi almohada.

Me desvanezco como el deseo
pero quedo presa del aire oscuro.

Cae el vaso al piso...
entonces yo... de nuevo maldigo y lloro.