
Era tan sencilla la noche,
como la bruma.
Algo tan ligero, tan apenas,
un suspiro, como si las nubes
pudieran suspirar.
No había viento que meceria los susurros,
ni silencio opacado por grillos,
ni por besos.
Era simple como las manos juntas,
como los vasos en el suelo,
como sus ojos viendo los míos.
No había rincones,
ni cortinas manchadas por el tabaco,
apenas un espacio
donde mi piel era manto,
era humus, algo vivo, húmedo.
Era fácil, como ese instante
cuando giras y el abismo
sucumbe ante una caricia.
No sabes del pasado,
no quedan huellas, como de fuego,
en el rumor de las risas.
Es tan sencilla la noche contigo, amor,
descubrir en la inmediatez de un abrazo,
que tantas veces me he muerto en tu pecho,
y tantas otras, me has dado la vida...